| 25-abril-04 |
Estimado señor Trujillo:
Llevo meses queriendo dirigirme a
la Asociación, pero por unas u otras razones ha ido pasando el tiempo sin
llevarlo a cabo. Pero al recibir la revista de Noviembre he decidido que no
podía dejar pasar ni un solo día más sin escribir.
Mi pertenencia a la Asociación viene desde los momentos en que ésta empezó
a dar sus primeros pasos, aunque mi relación con la misma ha sido escasa,
al contrario que mis padres y hermanos. Ello se ha debido, quizás, a no
valorar adecuadamente la atención por los orígenes. Siempre he valorado,
de forma muy especial, la posibilidad que tienen otras personas de regresar,
con facilidad, a sus lugares de origen y de compartir la vida de adulto
con algunos de quienes fueron sus compañeros de juegos infantiles. No me
siento sin origen, nací en Tetuán semanas antes de que se formalizara la
independencia de Marruecos, pues es algo que manifiesto con orgullo y sin
complejos, aunque provoque la extrañeza del interlocutor de turno. Pero
la falta de relación continuada con el lugar en el que conocí el mar o
circulé en bicicleta y con aquellos con los que aprendí a leer (gracias
a un excelente profesor al que nunca podré olvidar) me llevan a no sentirme
de algún lugar.
No todo son inconvenientes, no ser “propietario” de ningún trozo de tierra,
haber convivido pacíficamente y con profundo respeto con otras culturas,
aunque sea durante un corto espacio de tiempo, y haber recibido de mis
mayores el espíritu de empatía y comprensión que se respiraba en aquella
tierra, permite que no esté afectado por la bacteria nacionalista que tantos
estragos causa. Pero es cierto que la falta de arraigo, aquí y allí, que
padecemos los que nacimos allá y vivimos acá, como bien señalaban Enrique
Real y Juan Siles en el artículo del ABC de Sevilla que reproducen en el
número de Noviembre, nos trae al paladar un sabor extraño, difícil de superar.
Buenos ungüentos para remediarlo lo constituyen las reuniones periódicas
de la Asociación, las lecturas sobre la tierra, las visitas a exposiciones
y el contacto con otros “desarraigados”. Aunque hay que reconocer que los
ungüentos hay que fabricarlos.
Durante la última reunión de la Asociación eché en falta la asistencia
de personas a las que por su edad podríamos denominar “los independientes”.
Aquellos que nacimos en el entorno de 1956, aquellos que, en mi opinión,
haría que desapareciera el plazo fijo que la Asociación tiene marcado,
según afirma Rafael Arbide en la carta publicada en el último número. La
Asociación podría pasar a ser el lugar de encuentro de los que, podríamos
no volver, pero queremos preservar y extender el espíritu que nos marcó.
En estos tiempos que corren, en los que todo está en cuestión, en los que,
a veces, da la sensación de que no existe interés en preservar tradiciones
y costumbres que reflejen el diálogo que debe existir entre los ciudadanos
de origen y cultura diversas, reitero, en estos tiempos convulsos, es cuando
“La Medina” es más necesaria y debería gozar de más futuro.
La localización de los, por mí denominados, independientes, para lograr
que participen en los actos convocados por la Asociación es fundamental.
Pero quiero destacar la necesidad de que sean actos, en plural. Plurales
en número y en orientación. La recuperación de la memoria sobre Los Sefardíes del norte de
Marruecos me parece una idea brillante, pero me gustaría
sentir que no se ha olvidado que fueron acogidos por una tierra y que las
personas que llegaron allí, antes de que se fundaran algunos estados, pueden
ser los protagonistas, pero sin olvidarse de las gentes con las que
convivieron, sabiendo que aquello no fue una estancia con sentido de
temporalidad. Por eso echo en falta foros que nos permitan conocer la realidad
de nuestra tierra, superando el sentido melancólico que nos embarga en
ocasiones. Me gustaría poder conocer la opinión de otras personas en relación
con nuestras tierras, aquella y esta. Una forma, como otra cualquiera, de
recuperar los orígenes, pero lo que es más importante, una forma de expandir el
sentir que hizo posible una convivencia enriquecedora.
Le agradezco su atención. Un afectuoso saludo,
Pedro Luis Egea Vega
Madrid
plegea@findfine.net
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