UN ROGHI DE YEBALA
Mohammed Ben el Hasan es Semlali el Haiani
Por Tomás García Figueras
En los trabajos que en su día publicó la
revista “África” sobre la vida y hechos del Cherif Muley Ahmed el Raisuni, se
hacía referencia al ataque de las cabilas de Yebala en principios del siglo XX
en Tetuán, pareciendo deducirse que en ello había habido un acuerdo entre el Roghi
Bu Hamara (representado por Habid Said), el Raisuni y un pretendiente al trono
que estaba en Chauen y al que llamaban el Sultán del Ajmás, Mohamed Hanati el
Haiani.
Encuentro entre mis apuntes algunos datos
curiosos y algunas precisiones que amplían y aclaran determinados extremos de
los allí contenidos. Los doy a conocer a continuación. Una vez que el Roghi Bu
Hamara hubo conseguido la sumisión de las cabilas de Haiata, Tesul, Branes,
Hinaina y algunas otras, pensó en extender sus dominios a las cabilas de Gomara
y Yebala. Para esta amisión designó como hombre de su confianza al Cherif Sidi
el Habib es-Said, que al frente de una corta mehal-la comenzó a desarrollar el
plan. Entró en Gomara, por Metiua, y de allí, de cabila en cabila, llegó a Uad
Lau, hacia el mes de Sáfar o Rabía Al Auel del año 1321 de la era musulmana
(mayo de 1903 cristiano). Su tarea no fue difícil ni arriesgada, ya que los
tiempos eran de rebeldía y de indecisión y los montañeses creían de buena fe
los muchos bulos que se hacían circular intencionadamente por Yebala. Estas
gestiones las llevaba a cabo convenciendo y atrayendo con halagos y promesas a
los principales chorfa, ulemas y notables y estos eran los encargados de
arrastrar consigo a las masas de las cabilas, que se entusiasmaban con los
relatos de las grandes razzias que veían en perspectiva.
Entre los principales notables de Gomara que
acudieron a la citación del Cherif es-Said y se pusieron incondicionalmente a
sus órdenes, se recuerda al Cherif Sid Abdel-lah el Uazani, y al Fakih el
Sammar, de Beni Ziat, y el exCaid de Beni Manzor, Sid Abdeslam el Crutz, con
los cuales y con una numerosa harka, pasaron, entre mayo y junio, a Beni Madan,
acampando en el lugar denominado El Buier (el pocito), cerca del poblado de
Emsá, con objeto de intimidar a rendición a la plaza de Tetuán, en la que los
montañeses se prometían rico botín, pues contaban con una entrada fácil y con
grandes riquezas que encontrarían, tanto en el barrio moro como en la judería.
La plaza de Tetuán estaba mandada en aquella
fecha por el Caid Kaddur Belgasi, y en ella se encontraban accidentalmente Sid
Mohammed el Merani, que poco antes había sustituido a Muley Arafa en su doble
cargo de Jalifa del Sultán y de jefe de la harka que había sido enviada para
reforzar la guarnición y defensa contra cualquier posible ataque de los
yebalas. Estas autoridades, que estaban muy bien informadas de todos los
movimientos de los rebeldes, estuvieron viendo desde la batería mora Lescala,
en la Puerta de la Reina, el asentamiento del campamento y la actividad que en
el mismo se desplegaba. Acto seguido dispusieron una reunión de los caídes de
la harka y de la guarnición, ordenándose la inmediata concentración de la
tropa, distribuyéndose armas y municiones y acordándose hacer una salida contra
el campamento enemigo, la cual se efectuó aquella misma tarde, hacia las 16
horas, con sólo unos 800 hombres, de ellos unos 50 de caballería.
La harka del Cherif es-Said estaría compuesta
por unos mil montañeses, y les cogió tan de sorpresa el ataque que no se dieron
cuenta de él hasta tener encima las fuerzas que habían salido de la plaza; y
así, cuando se dio la voz de alarma, sólo pensaron en ponerse a salvo. El
ataque se hizo por el llano, y el Cherif es-Said con sus amigos, se salvaron a
uña de caballo, huyendo por un camino en dirección a Mokedasen, con lo cual se
disolvió la harka, desapareciendo de esta región el Jalifa de Bu Hamara y sus
secuaces, creyéndose que marcharon a unírseles en la Alcazaba de Snada (Julio,
1903).
Con esto quedó liquidado este episodio del
ataque a Tetuán; la plaza había de sufrir otro casi simultáneamente, pero
proyectado y realizado con total independencia del anterior y es en él en el
que interviene el Roghi del Ajmás, Mohammed ben el Hasan el Haiani. Este
individuo prestaba también sus servicios en la harka de Bu Hamara cuando estaba
actuaba en las zonas que pertenecieron luego al Protectorado francés; pero
cuando el pretendiente dio al Cherif es-Said el nombramiento de Jalifa para que
pasara a Gomara, Mohammed ben el Hasan, que gozaba de la confianza del Roghi,
pero que odiaba al Cherif es-Said, envidioso y disgustado, abandonó al Roghi Bu
Hamara y, atravesando las cabilas de Senhaya, Beni Zerual y Beni Ahamed, llegó
al poblado de Izid (Ajmás), donde se presentó un día a Sid Mohamed ben el Fakih
Sid Alí el Izidi, que gozaba reputación de santo, haciéndole creer que era el
príncipe Mohammed ben Muley Hasan el Alaui (la misma superchería que venía
utilizando Bu Hamara); que había huido y que se había alzado para reivindicar
sus derechos al trono de Marruecos. El Izidi lo creyó de buena fe, lo acogió en
su casa de Beni Izid, lo rodeó de toda clase de atenciones y se puso
incondicionalmente a sus órdenes.
El falso príncipe no perdió el tiempo e hizo
que inmediatamente enviara Sid Mohammed Ben el Fakih certas a todos los chorfa,
ulemas y notables de la cabila comunicándoles la noticia y citándolos a una
reunión para tomar acuerdos. Estas cartas dieron el resultado apetecido por el
Haiani, acudiendo los principales de la cabila, a los que fácilmente pudo
convencer de que el Roghi Bu Hamara era un impostor y él era el verdadero
Príncipe y, por lo tanto, Mul-es-Saa (el dueño de la hora) y que sólo anhelaba
el bien de Marruecos y de los musulmanes.
Entre los que acudieron al llamamiento
figuraban: el entonces Caid del Ajmás, Al-lal ben Hamda; su hermano Abdeslam,
Sid Aamar Boccor, Sid Tahar Zecri, Sid Abdeslam Aadila, Sid Mohammed ben el
Hach ben Aimran, Alí ben Achercuo, Hamman ban Azgan, Mohammed Ahatri, Sid Abdeslam
el Hal-lili, El Hach el Akami Zebah, Ahmed ben Deggun el Far, Ahmed ben
Abdeslam Mesba, Sid Mohammed el Fakih ben Hason, Ahmed Korrit, Sid Mohammed ben
Ayyu (a) Ueld el Hasanía, y otros muchos que no se recuerdan. La primera
reunión se celebró en un ambiente cordial y casi familiar, y en ella les expuso
el falso príncipe su propósito de dirigirse a Tetuán y ocupar la plaza antes de
que lo hicieran los partidarios del Roghi Bu Hamara; para ello contaba con el
apoyo de los montañeses y con la baraca que él poseía para enfriar las balas de
cañón y fusil, con lo que podían estar seguros de que todo ello se efectuaría
fácilmente y sin que les costaran bajas.
También les dijo, para interesarlos más, que para dirigir los negocios
del Estado era preciso que fueran pensando en las personas que podían
desempeñar los cargos más importantes e indispensables del Majzen, a lo
que contestaron que entre ellos no había personal capacitado; pero que
conocían a vecinos de Chauen que, por las condiciones que en ellos concurrían,
eran los más adecuados para esas funciones de gobierno que requería la
administración del país.
Los indicados fueron: Muley Sadik ben Mohatar
el Raisuni, Sid Kasem ben Ahmed Rian y Sid Abdselam ben Sid Al-lal ben Aimran;
inmediatamente se les envió un escrito comunicándoselo, y los cronistas
marroquíes, tan minuciosos en sus detalles, hacen constar que el escrito les
fue llevado por un tal Nippo, del poblado de Sidi Issef Tilidi, señalándole el
mismo pretendiente una sóhora (honorarios) de diez duros. Los citados acudieron
llevándole regalos, consistentes en dulces, y después de la presentación fueron
nombrados Gran Visir, Amín el Umana y Ministro del Exterior respectivamente. El
pretendiente nombró también cateb suyo al Fakih Sid Mohammed ben el Hach
Abdselam el Aabudi, del poblado de Tay en Nassar (Ajmás Bajo), quedando los
demás cargos pendientes de nombrar hasta que llegaran a Tetuán. Tomadas estas
disposiciones continuaron las conferencias con los notables rezagados de las
cabilas y que llegaban unos llamados y otros atraídos por la curiosidad. Se
acordó trasladarse a Chauen con objeto de ganar tiempo.
Su estancia en esta ciudad sólo duró tres días, fijando su residencia en
la casa de la Alcazaba, que le fue amueblada por los de Chauen. Como iba
escaso de ropas y precisaba, además, recibir dignamente a las comisiones,
ordenó a su flamante Gran Visir que le compraran un sulham, un trono y
un sello para las cartas y nombramientos; todo lo cual fue encargado y
hecho a toda prisa. Nuevamente interviene la minuciosidad del cronista
para decirnos que el sello fue hecho por el judío Menahen Chocrón, que
lo hizo durante la noche en la casa del Gran Visir; el trono lo construyó
el maalem Mohammed el Aekel (a) el Aauikel, y consistía en un sillón con
tres escalones de madera para subir a él; tenía brazos y todo ello con
dibujos típicos. El sulham no fue posible encontrarlo en el comercio, siendo
comprado uno que, como recuerdo de su esposo, conservaba la viuda del Cherif
Sid Mohammed ben Taieb ben el Amín el Alami, a la cual obligaron a venderlo
porque se negaba a desprenderse de él. El trono se hizo pequeño para que
pudiera ser transportado en una acémila cuando S. A. decidiera trasladarse
a otra parte.
Sin embargo, por ciertos detalles que los
notables pusieron apreciar en el fingido príncipe, comenzaron a sospechar de él
y, por lo que pudiera ocurrir, se reunieron la segunda noche de su entrada en
Chauen, en la casa que en el barrio del Zoco tenía Uld el Far, unos cuantos
notables, quienes, después de examinar la situación y el perjuicio que pudiera
acarrearles el dar asilo y apoyo al príncipe si este no era el verdadero Muley
Mohammed, acordaron proponerle al día siguiente que marchara al santuario de
Mulay Abdselam, en el Yebel Alam, haciéndole ver que en ese lugar era donde se
tomaban todos los acuerdos importantes y así, de una manera política, alejarlo
de ellos. Todo se hizo como lo habían pensado y el príncipe, al hablarle de
ello a la mañana siguiente, se mostró propicio a ese traslado, alegando que le urgía
ganar tiempo y llegar cuanto antes a Tetuán, pues le habían dado noticias de
que el Cherif es-Said había acampado en Beni Madan y les convenía adelantársele
a su ocupación; por lo que, con la consiguiente alegría de los de Chauen y el
Ajmás, se hicieron los preparativos de marcha al Santuario, siendo aclamado a
su llegada por un inmenso gentío de todas las cabilas, a las que previamente se
había convocado por medio de emisarios para tomar acuerdos y oír la palabra de
Mul-es-Saa, el príncipe Muley Mohammed ben Muley Hasan el Alaui.
Una vez llegado al santuario de Muley
Abdselam y después de orar e invocar la protección del Santo, Muley Mohammed
ocupó su trono, que fue colocado delante de la reja grande; los pregoneros
citaron al público a reunirse ante S. A. y a guardar silencio y, cuando éste se
hizo, el príncipe habló lo que sigue: “Hermanos musulmanes: he venido a este
lugar sagrado para procurar el bien de los musulmanes; me he rebelado y alzado
para libraros de los coronelistas (frase con la que se indicaba a los
partidarios del Sultán que estaba dirigidos por el coronel Mac-Lean); espero
que todos vosotros me ayudaréis a elevar la bandera de la religión y la palabra
de los buenos musulmanes, por lo que, si así lo hacéis, habéis de tener la
seguridad de que vuestra empresa tendrá la ayuda de Dios y de Muley Abdselam y
obtendremos la victoria sobre sus enemigos”. Segudamente se hizo una fatha, se
enviaron nuevos emisarios a las cabilas de Beni Mesauar, Uadrás, Ányera, el
Haus, Beni Ider y Beni Hozmar, ordenando a los que habían acudido al santuario
que ocupasen posiciones en las inmediaciones de Tetuán y esperasen allí su
llegada para hacer juntos la entrada en la ciudad, volviéndoles a insistir en
que ello sería fácil y sin bajas, debido a su baraca.
El regreso de Mulay Abdselam tuvo lugar el
mismo día, marchando a Arainex (Beni Arós), donde pernoctaron, alojándose el
príncipe en la casa de Hamido Succan, y al día siguiente reanudaron la marcha a
Ben Karrich, donde establecieron su campamento cuatro días después del ataque y
dispersión de la harka del Cherif Sid el Habid es-Said.
Las cabilas anteriormente citadas habían
cumplido todas las órdenes recibidas y ocupado todas las alturas desde Samsa
hasta Laucien, y sólo esperaban que el príncipe iniciara el avance para hacerlo
ellos al mismo tiempo, pues estaban impacientes y llenos de entusiasmo, no sólo
por la ilusión del botín que pensaban obtener, sino por lo que se les había
dicho y garantizado de que no habrían de sufrir bajas, ya que el príncipe enfriaba
las balas de fusil y de cañón y las puertas se abrirían a su paso sin necesidad
de forzarlas. El Cherif Muley Ahmed el Raisuni, que había tenido noticias de la
reunión de Muley Abdselam, acudió a Ben Karrich para presentar sus respetos al
príncipe, acompañándole Mohammed Amezggaru (a) Abarudi, del Hadia (Uadrás) y
otros notables de las cabilas de Yebala, siéndole regalado por el citado
Raisuni un caballo y regresando después de ello cada cual a su puesto.
El Bajá de Tetuán, Caid Kaddur Belgasi, y el Jalifa del Sultán, Sid Mohammed
el Merani, hombres de guerra, valerosos y que no se dormían, tuvieron noticias
de la llegada de la nueva harka a Ben Karrich y, sin perder tiempo, mandaron
reunir sus caídes, que lo eran: El Bachir ben Sennah, Hach Al-lal el Harbili,
Hammadi el Zemrani, Ahmed ben Hadi el Hasnaui, Embarek el Aauari, Brik
el Zemrani y Buchaib el Yedidi, todos ellos de la harka de Muley Arafa;
y caid Alí Acalai y Ahmed ben Draui, de la guarnición, así como el jefe
de la artillería, Hach Al-lal el Charradi; se dieron órdenes y tomaron
disposiciones y a la mañana siguiente hicieron una salida para combatir
a la harka, pero sin darse cuenta de que los anyerinos habían tomado las
alturas de Samsa, noticia que desde la plaza le fue comunicada al caid
Kaddur el Lebbadi cuando ya estaba cerca del río Samsa, en cuyo momento
ordenó hacer alto a sus tropas y con el único cañón que tenía batió dichas
lomas, aunque hay que señalar que bastaron seis cañonazos para dispersarlos
y hacerlos huir desordenadamente, tal vez porque no tenían demasiada fe
en las promesas de inmunidad que les habían sido hechas. Cuando el caid
Kaddur desalojó a los yebalas de las lomas de Samsa pudo ya continuar la
marcha.
Cuando la vanguardia de las tropas del Sultán llegó al lugar denominado
El Humet, tuvo que librar combate con los de Ányera, que estaban parapetados
en sus alturas (en una de las curvas más pronunciadas del camino, cerca
de Laucien). Mientras se trababa este combate en territorio de Uadrás y
del Haus, los de la harka de Ben Karrich y el falso príncipe no esperaron
a que llegaran a ellos y se dieron a la fuga, haciéndolo Muley Mohammed
en caballo hasta llegar al poblado de Tifrauen (Ajmás Bajo), donde aún
vivía en la fecha de los datos que tengo a la vista, el 3 de marzo de 1944.
Debió morir poco después, ya que en otros
datos de marzo de 1946, se dice: “Con sus hijos siguió viviendo en dicho
poblado hasta que le sorprendió lo que todo lo destruye (la muerte) y a la que
sólo se impone Dios glorificado y eterno”.
Con la minuciosidad de los cronistas a que nos hemos referido, señalan
las siguientes precisiones de las bajas tenidas por los de Tetuán (en la
operación tomaron parte como voluntarios unos quinientos naturales de la
ciudad, entre los que figuraban hijos de los principales notables de ella).
Las bajas fueron: el sargento Mohammed el Hasani, que era el portador del
Trrada (banderín); Ahmed el Malqui y Sidi Mohammed ben Sebeh, muertos del
tabor de Tetuán; el jalifa del caid Brik el Zemrani, también muerto;
el caid Salem, del Tabor de de Brik el Zemrani, herido; y Krimo el Saidi,
del tabor de Tetuán, igualmente herido. La precisión llega a afirmar que
todas estas bajas fueron hechas por Alí Buden, de Ányera, el cual fue hecho
prisionero en unión de treinta y siete más de Ányera, Uadrás y Beni Ider.
Las tropas del Sultán incendiaron el poblado de Buraian (Uadrás), cortaron
veinticuatro cabezas, que fueron expuestas al público en la Puerta de Tánger,
de la muralla de Tetuán. La lección no fue desaprovechada; pasados quince
o veinte días de estos sucesos acudieron comisiones de la cabila a Tetuán
para sacrificar y hacer acto de sumisión ante las autoridades. Y aun el
detalle del comentarista llega a consignar que el trono hecho en Chauen
para el príncipe tenía el asiento y los brazos forrados de paño verde y
estaba relleno de lana de los colchones del flamante Gran Visir Muley Sedik
ben el Mohtar el Raisuni.
Tal es la historia pintoresca de este Roghi de
Yebala, cuyas andanzas han sido poco divulgadas y que ponen de relieve el modo
de ser de los yebalas que, luego de lo sucedido, permitieron a Mohammed ben el
Hasan el Haiani vivir, siguiendo la vida normal de un poblado cualquiera del
Ajmás.