AQUELLA PRIMERA ESCUELA
PARA NIÑOS MARROQUÍES DE TETUÁN
Por Fernando Valderrama Martínez
Mil novecientos siete. Hacía un año que se había celebrado la Conferencia
de Algeciras y ya Francia y España iniciaban la firma de Acuerdos: el 23
de febrero se signó en París el relativo a los instructores de Policía
de Tánger y el 16 de mayo se suscribió una declaración sobre el “statu
quo” territorial en Marruecos. Aquel año Francia ocupó las plazas de Uchda
y Casablanca, motivada la intervención en la primera por el asesinato del
doctor Mauchamps, y en la segunda por el asesinato de algunos obreros del
puerto. Reinaba entonces el Sultán Muley Abdelaziz, que al año siguiente
sería destronado por su hermano Muley Hafid, el cual habría de firmar,
en 1912, el Tratado franco-marroquí, pórtico del Protectorado.
En aquel año de mil novecientos siete, España se ocupaba ya
de proporcionar a los marroquíes la oportunidad de aprender la lengua española
y organizaba en Tetuán una escuela que fue creada oficialmente por Real Orden
del Ministerio de Estado de primero de enero de 1908, como dependiente del
Consulado de España.
Se hallaba el Consulado instalado en la calle Zauía (o calle
de la Cárcel, como se la denomina aún hoy comúnmente) y frente a ella, en lo
que hoy es una vivienda, se instaló la Escuela, de la que se hizo cargo el
intérprete-canciller del Consulado, don José González Belloto, tangerino
entusiasta y gran conocedor del árabe. El presupuesto asignado para haberes del
señor González, de un auxiliar y gastos de alquiler del local, limpieza y
material, era (compare el lector) de dos mil cuatrocientas pesetas anuales.
En marzo de 1912 decía López Ferrer en su interesante Memoria sobre Instrucción
Pública en Marruecos: “Era verdaderamente sensible que los niños moros
de la ciudad, cuyos padres a veces hablaban el español por haber desempeñado
algún cargo en Ceuta o por sus frecuentes relaciones con los españoles
que viven en el pueblo, carecieran de un medio adecuado para aprender nuestro
idioma”. Y más adelante añadía: “Al principio de la fundación de la Escuela
era difícil conseguir la asistencia de alumnos, porque los moros miraban
con recelo y desconfianza este nuevo Centro de enseñanza. Pero bien pronto
empezaron a concurrir niños, cuando sus padres vieron que en él se explicaba
el Corán y que para nada se les molestaba en sus creencias religiosas.
Hoy cuenta la Escuela con treinta y seis alumnos”.
Dos años más tarde, en marzo de 1914, visitó la Escuela el
maestro de arabistas don Julián Ribera Tarragó, vocal de la Junta de Enseñanza
en Marruecos, que se había constituido en Madrid un año antes, y que visitaba
la Zona especialmente comisionado para redactar un informe que hoy leemos como
documento de un alto valor histórico para nuestros fines culturales.
El primer Inspector de Enseñanza Hispano-Árabe, don Ricardo
Ruiz Orsatti, la visitó por ver primera el 19 de marzo de 1916, cuatro días
después de haber sido nombrado. Nuevamente estuvo en ella el 23 de diciembre de
aquel mismo año, y de ambas inspecciones redactó sabrosos informes, así como de
las demás que llevó a cabo hasta su cese, en el verano de 1923.
En 1918, Ruiz Orsatti, hombre de visión clara y conocedor de
los problemas de la educación marroquí, redactó una organización para las
escuelas hispano-árabes que aún hoy, a pesar de los años transcurridos, podría
servir de modelo en algunos extremos. González Belloto no se mostró conforme
con ciertos puntos y, antes de someterse y actuar con escrúpulo, adoptó la
postura digna del hombre en desacuerdo; la dimisión, enviada en carta que
constituye, por su sinceridad y orientaciones, un documento de valor, a la vez
que sirve para darnos a conocer su carácter y cualidades. Pero quizá algún
paciente lector lo haya conocido, pues continuó en Tetuán, en donde falleció en
1943, a los setenta y tres años de edad. Y si no a él, ¿quién no conoce a sus
hijos o, al menos, al que, por su cargo en el Consulado de España tiene más
contacto con la población en general y cuya simpatía y buen humor son
notorios?.
Al cesar González, quedó a cargo de la Escuela el auxiliar,
Sid Mohamed el Uriki que, procedente de Larache, había tomado posesión hacía
poco tiempo. Dos años después, al cesar, ocuparía su lugar Sid Mohamed ben el
Arbi el Jatib, aquella venerable figura, cuya perfecta dicción en árabe clásico
era envidiable para quien sintiera la afición de aprender este idioma.
¿Qué ocurrió luego de la dimisión de González? Habían pasado
los primeros tiempos y la presencia de un inspector de Enseñanza hizo que la
plaza se anunciara a concurso entre maestros españoles de la Zona. Nueve la
solicitaron y de ellos correspondió a don Bienvenido Sáinz, de la Escuela de
Zeluán, que fue, por tanto, el primer maestro titulado que desempeñó la plaza,
nombrado por Real Orden de 16 de septiembre de 1919.
Han transcurrido muchos años. Aquella primera escuela de
Tetuán para niños musulmanes se ha desarrollado en cinco grupos escolares con
un total de treinta y cuatro clases, y se está construyendo otro de doce
clases. Ello, sin contar con los grupos destinados a niñas. Nada hay más
elocuente que las cifras y ellas, en este caso, son un reflejo fiel y exacto de
la obra amorosa de España.