TOPONIMIA DE ALGUNOS CASTILLOS Y ATALAYAS DE JAEN
Por Carmen A. Martínez Albarracín
Profesora de la Uned de Jaén
1.INTRODUCCION
En la provincia de Jaén existen unos
cuatrocientos castillos, recintos, torres, murallas y alquerías fortificadas.
El número de los que existieron pero no dejaron testimonio histórico o
arqueológico es posible que supere con creces esta cantidad.
Lamentablemente, de estas fortificaciones
sólo quedan hoy restos de unas ciento cincuenta, algunos de ellos tan deteriorados
que son difíciles de identificar.
La labor de recogida y estudio
la inició el arqueólogo Martín Jimena Jurado quien en 1635 se propuso dibujar
los castillos de Jaén pero sólo estudió una decena de ellos.
Vicente Salvatierra (1), Tomás Quesada Quesada (2), Arturo Ruiz, Marcelo
de Castro, y Juan Eslava Galán y otros estudiosos han abordado el
estudio de las fortalezas antiguas, medievales o renacentistas que se encuentran
en toda la provincia de Jaén.
En la Universidad de Jaén, la
provincia que con alguna comarca castellana, atesora la mayor cantidad de
castillos de Europa por kilómetro cuadrado, existe hoy un departamento de
arqueología medieval desde el que se difunde el conocimiento de los castillos.
Antes de iniciar el estudio
lingüístico de las voces relacionadas con los castillos, hay que hacer algunas
consideraciones geográficas e históricas de la provincia de Jaén.
2. ALGUNAS CONSIDERACIONES GEOGRAFICAS E HISTORICAS
Su localización en el Alto Guadalquivir permitió que desde muy temprano, fuese éste un lugar de paso para fenicios, griegos, iberos, romanos, árabes... en su penetración desde las costas hacia el interior de Andalucía.
Posteriormente estos parajes actuarían de frontera entre el Reino de Granada
y Castilla, quedando escritas importantes páginas de historia que aún hoy
nos resulta fácil rescatar.
La inmensa mayoría de los restos de los castillos datan de tiempos medievales,
especialmente de la segunda mitad del siglo XIII, pero frecuentemente se
alzaban sobre ruinas de fuertes más antiguos, de modo que distintas épocas
y distintas concepciones de la construcción militar se funden a menudo
en un mismo monumento y no siempre resulta posible diferenciarlas. En cualquier
caso podemos establecer una esquemática división de los períodos de fortificación
observables en nuestra provincia.
Se comenzaría con la fortificación bereber a
partir de la fecha simbólica de 1125.
En la época califal, cuando la rebelión muladí de Ibn Hafsun, la tierra
de Jaén se caracterizó por la cantidad de señores rebeldes “encastillados”
que hubo en ella. De muchos de aquellos castillos, que serían de tierra
y madera, se ha perdido por completo la pista. Entre los que esperan ser
localizados están éstos:
BAGTAWIRA: Perteneció a Huraya ibn Habil. En 896 una expedición cordobesa
pasó por él. En 913 su señor se acoge al perdón del emir. Se ha situado
al Sur oeste de Tiscar, cerca de Cabra de Santo Cristo.
BASTRA: Quizá sea el mismo al-Sarrat del que expulsan a Ibn al-Ala en 913.
Aguirre la sitúa en el reino de Jaén.
FUNTAYALA: Castillo cercano a Motilun tomado a los rebeldes en 911. Se
ha identificado con Fuensanta de Martos.
AL-MATMAR: En 1076 el rey zirí de Granada entrega Castro a cambio de esta
fortaleza. Para algunos se trata de Bedmar.
QAMARAT YAYT: Citado en 896. A orillas del Guadalbullón. Aguirre lo sitúa
entre Mengibar y Fuerte del Rey, en el cerro Camarero.
Antes de entrar en materia quizá habría que
decir algo de las fortificaciones anteriores.
La fortificación preislámica data de los tiempos ibéricos y romanos, se
organiza en dos tipos de construcciones: los “oppida” o cerros fortificados
de fácil defensa, que dominan tierras agrícolas y caminos constituyendo
ciudades; y los recintos o castillos, por lo general cuadrangulares, de
reducidas proporciones, datables entre los siglos V y III a. De C.
Sobre esta base, heredada de la antigüedad y continuada por los visigodos,
se proyecta la fortificación paleoislámica. En un contexto histórico de
frecuentes sublevaciones y guerras civiles crece anárquicamente una serie
de fortificaciones de menor entidad, hoy difíciles de identificar.
En sentido estricto los primeros castillos medievales de Europa fueron
los que construyeron los musulmanes en la Península ibérica. El califato
de Córdoba adoptó para la defensa de su territorio frente a los núcleos
cristianos del Norte, el sofisticado sistema que sus primos orientales
habían copiado de Bizancio.
En la Europa cristiana el uso de la piedra en fortificación no se generalizó
hasta finales del siglo XI. La rápida evolución que a partir de este momento
y hasta el siglo trece bóxer vamos en la arquitectura militar europea se
debe en parte a la influencia de la fortificación oriental (bizantina e
islámica) que llega a Europa por dos canales: España y a través de las
cruzadas que ponen a la aristocracia militar europea en contacto directo
con las grandes fortificaciones de Oriente.
El uso de la piedra permitiría además una mayor variedad de formas y más
ambiciosos volúmenes.
En esta época distinguimos tres períodos principales:
1. La época de los señores encastillados en tiempos de
la rebelión muladí de Ibn Hafsun.
2. El primer programa coherente para un plan territorial
defensivo en tiempos de al-Hakem (961-976), cuando se fortifica la línea
del puerto del Muradal.
3. La época de los reinos de taifas en que el reino de
Jaén es disputado por los taifas de Sevilla y Granada y comienzan las intervenciones
castellanas (Alfonso VI)
Los castillos a nivel
lingüístico aparecen con una abundante terminología específica de origen árabe.
El reino nazarí estableció un sistema de fortificaciones de naturaleza
ecléctica, síntesis de la monumentalidad beréber y del pragmatismo cristiano.
Al principio persisten las formas cuadradas en torreones, pero luego se
impone la forma cilíndrica más adaptable a la obra de mampostería.
La fortificación bereber se caracteriza por la introducción de una serie
de recursos desconocidos o poco conocidos hasta entonces en Occidente.
Entre ellos cabe destacar el uso del antemuro o barbacana, parapeto más
bajo que protege a la muralla principal y dificulta
las labores de mina, zapa y la aproximación de cualquier máquina al muro.
Además creaba una doble línea de fuego delante del atacante. También emplearon
los beréberes torres albarranas o separadas de la muralla y unidas a ésta
por un puente o muro de piedra. Las albarranas aumentaban las posibilidades
de flanqueo que la torre adelantada tiene y cubrían los puntos más débiles
del muro. El empleo de albarranas octogonales en los ángulos de la muralla
caracteriza a la fortificación almohade. La famosa Torre del Oro de Sevilla
(fechada en 1220) es una albarrana almohade dodecagonal que defendía el
puerto de la capital andaluza.
Otra construcción característica de los beréberes en Al-Andalus es el castillo
cuadrado o rectangular con los ángulos protegidos por torres redondas.
Las obras fronterizas nazaríes aprovechan riscos y peñascos inaccesibles
para construir fortalezas baratas y fáciles de defender. Esta había sido
una característica de la fortificación cristiana de la época anterior.
No hay que olvidar que en las tierras de Jaén abundan las fortificaciones
prehistóricas que el vulgo ha venido asociando a los “castellones” de los
moros. Otros pensaron que estas fortificaciones correspondían a las “torres
de Anibal” mandadas construir por los cartagineses. Es cierto que éstos
emprendieron un ambicioso programa fortificador para salvaguardar los centros
de producción minera y cerealista de Andalucía, pero siguieron el patrón
de unas fortificaciones preexistentes que llamamos recintos. El origen
último de muchos de estos recintos es posible que sea púnico.
La mampostería de que están compuestos estos recintos se de hechura muy
variable. Algunas piedras alcanzan proporciones ciclópeas, como las de
Larva, mientras que en otros casos son bastante menudas, como las de Ablir,
en el camino de Bélmez a Bedmar.
Existen muchas vertientes de estudio sobre este tema, el profesor Rodríguez
Molina ha recogido una interesante documentación sobre estos temas desde
el punto de vista histórico y geográfico. (3)Según este autor en la Sierra
Sur y en la frontera con Granada se asentaban las correspondientes torres
vigías o atalayas, vigilando las diferentes alineaciones defensivas y de
comunicación.
Era todo un complejo sistema de vigilancia y muchas de ellas tuvieron plena
vigencia en la época cristiana. Las primeras comunicaron a la población
musulmana de Alcalá de Abenzayde, antes de su conquista por las tropas
cristianas, con las ciudades más importantes del reino nazarí, Loja, Granada
y Guadix. Esta red estaba compuesta por un conjunto de catorce torres,
arruinadas o desaparecidas en su mayor parte. Las torres atalayas que formaron
la frontera entre el territorio castellano y el Reino de Granada a partir
de 1341 se conservan mejor. Son las situadas entre las poblaciones de Alcalá
la Real, por la parte cristiana, y las de Montefrío, Illora, Moclín y Colomera,
por la parte musulmana. Estas atalayas de frontera están compuestas por
un total de veinticinco nuevas torres, de las que, mayoritariamente, se
conservan importantes restos y algunas casi completas.
Aparecen dos tipos de atalayas. Las más antiguas, algunas del siglo VIII,
son de factura árabe, construidas de mampostería, con piedra irregular,
de forma cilíndrica, planta circular con diámetro de unos cinco metros
y altura total a las almenas
Dicho léxico y su gran campo semántico, al igual que otras muchas manifestaciones
de la civilización andalusí, pasó al mundo cristiano y ejerció su influjo
en las lenguas romances.
Esta influencia lingüística aparece hoy a través de la toponimia.
Los nombres de lugar son etimologías que están ahí, en boca de hablantes
que las ignoran y, sin reparar en ella, la usan a diario y la entregan
como patrimonio de descendencia.
Los topónimos de los nombres de castillos que hemos seleccionado en nuestro
trabajo aparecen ordenados alfabéticamente. A continuación su significado
y los términos de los que se derivan según los estudios y análisis etimológicos
que al final se citan abreviadamente. La referencia bibliográfica completa
de cada una de las obras mencionadas aparece en un listado final.
3. ALGUNOS TOPONIMOS
ALCALA LA REAL
Del árabe ‘alqala’a’ el castillo.
La fortaleza de Alcalá se asienta sobre un cerro de 1.029 metros de altura
y meseta plana de tres hectáreas. Las escarpas naturales, muy cortadas,
aliviaron el esfuerzo de edificar grandes defensas. Tenía tres recintos
de distintas épocas. La obra es de mampostería y está reforzada a intervalos
irregulares por torreones unos circulares y otros de planta cuadrada, más
largos que anchos.
ALCAZAR
VIEJO Y NUEVO
Del árabe ‘alcazar’ el palacio
Los alcázares nuevo y viejo se denominaba al castillo de Jaén constituían alcaidías independientes. La del alcázar viejo y Abrehuí por el concejo de la ciudad. La del Alcázar nuevo por designación real.
Después de la caída de Granada, el castillo de Jaén se mantuvo
como plaza militar dotada de cuarenta hombres hasta mediados del siglo
XVIII.
ALCAZAR
DE BAÑOS
Se ha afirmado que puede ser celtíbero o romano en sus cimientos, árabe su estructura general y muy reconstruido por los cristianos.
Uno de los quince torreones del castillo
original fue sustituido, en el siglo XIV o incluso a principios del XV, por una
esbelta torre del homenaje rectangular de mampostería, la llamada Almena Gorda.
La terraza almenada está muy reconstruida.
Hay varias teorías para explicar el origen
del nombre: El nombre aparece en castellano antiguo en diversas grafías:
Brialamar, Borialance (1226); Boriaalamer, Burgalimar(1227). A partir de estas
fechas el nombre desaparece de las crónicas y documentos. Para algunos autores
esto se explica por un cambio de nombre. La hipótesis es: Burgalimar es
transcripción castellana de “Bury al-hamma” ‘Castillo de Baños’. Desde 1940 se
ha venido aceptando esta identificación.
CASTILLEJO
DE ZUMEL
Su nombre puede ser del árabe, derivado de al-Sumayl.
La posición del Zumel dominaba los dos
caminos de Granada, el viejo, por Valdearazo, y el nuevo, por la Guardia.
En la ladera del cerro hay una casería que conserva en su
corral y parte trasera restos evidentes de edificación musulmana, quizá
mina de agua, hoy impracticable por hundimientos. Un tosco muro de mampostería
seca parece abrazar una parte del cerro, probablemente restos de una albarrana
(del árabe: muro exterior)
CASTILLO
DE CAMBIL Y ALBAHAR
Estos famosos castillos están sobre el actual pueblo de Cambil ’campillo’ posible topónimo mozárabe.
Están encaramados en las alturas de dos imponentes peñas que señorean el pueblo: dos murallones casi verticales de caliza marquesiana separados por el tajo que ha labrado la erosión del río. La obra observable en el interior es bastante tosca, de mampostería menuda y mucho mortero de yeso.
El origen es incierto. Quizá daten de la estructuración de la primera frontera nazarí (1246)
CASTILLO
DE CANENA
Después de la conquista musulmana, una rama de la tribu siria de los Banu Kinana se estableció en Canena, dando su nombre al lugar. En el castillo (hisn) de Canena se refugió, a finales de 1079, el rey al-Qadir ban Dil-l-Nun que huía de los rebeldes toledanos.
Esta fortaleza pasaría a poder de Castilla hacia 1226.Posteriormente
fue transformándose hasta convertirse en una espléndida construcción palaciega
en el siglo XVI.
CASTILLO DE IZNATORAF
El topónimo Iznatoraf del árabe ‘castillo de los límites’ alude a la existencia de un castillo musulmán.
Ocupa la cima plana y fácilmente defendible
de un cerro testigo de 1.036 metros de altura, al Norte de la Loma de Ubeda,
dominando una extensa comarca por donde discurren los caminos que siguen la
Loma de Ubeda y el que discurre de Sur a Norte, alternativo de la vía del
Guadiana Menor que cruza el Guadalquivir por Mogón.
Madoz nos ha dejado una ajustada descripción
de las defensas de Inatoraf: antigua muralla de bastante solidez y de dos varas
de gruesa. Con once fortines de la misma elección dando entrada a la villa por
nueve arcos que encuentran en distintos puntos del circuito.
En la plaza de la Iglesia hay un pozo por el
cual se cree que subían de la mina que atravesaba la población, obra de los
árabes sumamente sólida que al parecer facilitaba la entrada en ésta.
CASTILLO
DE JARAFE
Del árabe ‘saraf’, “el otero”.
Está situado a cuatro kilómetros al Norte del
castillo de Recena, en la ribera del río Torres, en el valle que queda entre la
Loma del Caballo y Cerro Tosco.
Se conservan escasos vestigios del castillo.
Tuvo torre del homenaje de planta pentagonal.
CASTILLO
DE JODAR
Por su excepcional posición estratégica, Jódar controla los valles de Bedmar y del Jandulilla y los vados del Guadalquivir frente a Ubeda y Baeza
El Guadalquivir del árabe ‘wadal-quibir’ “río grande’ es el
gran río de Andalucía que nace en la Sierra de Cazorla, atraviesa las provincias
de Jaén, Córdoba y Sevilla y desemboca en el Océano por Sanlúcar de Barrameda.
Según E. Terés (4) es el que más aparece en textos árabes,
Grande'.
El Guadiana según E. Terés (5) llamado también Guadiana Menor y Guadianilla,
se forma entre los montes de Pozo Alcón (Jaén), donde se reúnen los ríos
Barbata o Guardal, Castril, Guadix, etc., que pierden sus nombres, para
tomar el de Guadiana Menor, atraviesa el partido de Cazorla y desemboca
en Guadalquivir sobre el puente viejo de Jódar, al oeste de Peal de Becerro
(6)
La excelencia de esta posición ha sido valorada desde antiguo. Probablemente en el cabezo de Jódar existió alguna fortificación antigua, cuyos restos borrarían las sucesivas remodelaciones medievales.
‘La Sawdar o Sudar’ nombre propio de persona musulmana era una villa y fortaleza importante. Es evidente que las nuevas construcciones aprovecharon los materiales de las antiguas, así como el suministro de agua. En el castillo había un pozo cavado en la peña viva que tiene veinte estadios de hondo y tanta agua que basta para sustentar a trescientos hombres y cien caballos.
CASTILLO DE LA GUARDIA
Fue muy importante en época romana y
visigótica y esta importancia se mantuvo en la alta Edad Media.
Se llamó Hisn al-Qal’a ‘castillo alcala’a
concedido al jeque Maymun e incluso uno de los que Tarik conquistó
personalmente.
Tiene forma de triángulo irregular. Adapta su
configuración a la de la meseta de un cerrillo que lo sustenta. Es muy posible
que suplante el solar de un oppidum antiguo.
CASTILLO DE LA IRUELA
La Iruela fue uno de los castillos conquistados
a los musulmanes por el arzobispo Rodrigo. Sobre esta fortaleza se levantó otra
cristiana.
Se observan tres etapas constructivas en el
castillo. Una primera musulmana, probablemente preberéber. Sobre ésta se
asentaría el castillo beréber de calicanto. La delgadez de sus muros es lógica
consecuencia de su carácter inaccesible. Finalmente, sobre este castillo
beréber se hizo la obra cristiana del alcazarejo y reparaciones en mampostería
de lugares diversos.
CASTILLO DE LA MUÑA
El castillo de la Muña, evidente derivación del árabe ‘almunia’ “el huerto”. Es un cortijo que se encarama en un peñón. A su pie discurre un arroyo que antiguamente alumbraba una fértil vega rodeada de huertas. Entre las construcciones modernas del cortijo sobresale el único vestigio del castillo; una torre de planta cuadrada /8.20 m. De lado), que ha perdido su remate antiguo. Es de mampostería regular con sillarejo en las esquinas. Podría ser de finales del XIII o principios del XIV.
CASTILLO DE LA PEÑA DE MARTOS
Es uno de los más característicos accidentes del relieve de
Jaén. Es una montaña troncocónica cuya cima amesetada, a 1.003 m. De altura,
es emplazamiento muy adecuado para la construcción de un castillo inexpugnable.
Además, sus condiciones estratégicas son muy estimables: en un extremo
del sistema prebético, en una vía histórica de comunicación entre tierras
de Jaén y Granada.
En época medieval hubo dos castillos: el de la Peña y el que
protegía la ciudad. El de la Peña los árabes lo llamaron Tús o Tuss. Por
su carácter de plaza fronteriza siempre estuvo en disputa.
La fortaleza tiene forma trapezoidal. El lado
más largo, por el este, presenta la torre del homenaje y la entrada de la que
sólo quedan vestigios que permiten suponer que se hacía por una torre- puerta de
planta cuadrada. En la parte sur, que se asoma al impresionante precipicio de
los Carvajales (Leyenda del Castillo) sólo hubo un simple parapeto hoy muy
destruido.
CASTILLO DE LOCUBIN
Este castillo musulmán que da nombre al pueblo actual se ha
identificado sucesivamente con el castillo de las Aguilas ‘Hisn Alhicbin’
y con el castillo de las cuevas. Las palabras árabes águila y cueva tienen
radicales muy parecidos, de ahí puede venir la confusión. Los que piensan
que se trata del castillo de las cuevas señalan que en 727 sería el rey
de Baeza Abencurba o Aben Cotba el que lo habría arrebatado al de Granada.
Locubín sería frontera nazarí hasta el año
1340 y desde el último cuarto de siglo XIII pasaría a poder castellano en 1341
ganado por Alfonso XI.
En 1593 el viento derribó la torre del
homenaje del castillo. Es posible que tuviera una cerca o muro. Se conserva la
“puerta de la Villeta”
CASTILLO
DE MATABEJID (CAMBIL)
Es el Hisn Bayiy, ‘castillo de Bayiy’ castillo que mencionan
algunas fuentes musulmanas. Hoy ha dado nombre a una finca a cinco kilómetros
de Cambil por la carretera que va a Huelma.
Es un castillo estratégico calculado para sostener una
reducida guarnición. Tiene forma rectangular
muy alargada. Los lados menores del rectángulo se apoyan en sendas torres. La
fortaleza está construida en mampostería, con cadenas de sillería en los
ángulos.
CASTILO DE MENGIBAR
Mengibar suplanta la posición extraordinariamente estratégica
de la antigua Iliturgi. El ramal sur de la calzada arrecife romano musulmán
que remontaba el Guadalquivir iba a morir precisamente allí.
Es probable que el primitivo castillo musulmán de Mengibar
fuese desvastado por Fernando III en su segunda expedición. A la conquista
de Jaén, Mengíbar pasó a pertenecerle.
Todas las fortificaciones han desaparecido, a
excepción de la torre del homenaje, árabe en su origen.
CASTILLO VIEJO DE BEDMAR
En época árabe se le llamaba ‘al-Manzur’.
Es un recinto cuyos restos se descubren
cobijados por la formidable cortada que la Serrezuela de Bedmar o Cuevas del
Agua.Tiene forma de escuadra que apoyará sus ángulos en la pared rocosa de la
serrezuela. El ángulo de esta escuadra, muy abierto, está protegido por un
torreón circular de forma ligeramente troncocónica, muy orientalizante,
parecido al del fuerte beréber de Aragonesa, aunque de mayores proporciones.
CASTILLO
DE QUESADA
La Quesada musulmana era un fuerte poblado como una villa que tiene bazares, baños, posadas y arrabales. Este lugar está situado al pie de una montaña, en la cual se cortan los árboles que sirven para hacer cazuelas, jarras, platos y otros utensilios, de los que se hace gran consumo tanto en España como en la mayor parte del Africa occidental. Esta montaña se prolonga hasta Baza. En los topónimos musulmanes de Quesada unas veces aparece como ciudad fortificada y otras como fortaleza.
Quesada es un punto estratégico de primer orden en la desembocadura
norte de un paso natural que, desde la zona de Baza por el Sur, traza el
curso del Guadiana menor.Esta es la vía de comunicación más directa entre
las regiones de Almería y del Alto Guadalquivir.
Cerca nace el guadahortuna, río que nace en término de la villa de
su mismo nombre, que en el límite N. de la provincia de Granada, partido
judicial de Iznalloz, baña términos de Montejícar, Alamedilla y las Dehesas,
y se une al río Guadix, próximo al punto en que éste penetra en la provincia
de Jaén, según recoge E. Terés (7)
Uno de los ríos que bañan términos de Quesada y Huesa (Jaén)
se nombra a veces también Río Guadahortuna, pero éste viene a ser el Guadiana
Menor, que supone una continuación de aquél.
Con la misma grafía, Guadahortuna, lo cita Luis del Mármol;
Henríquez de Jorquera, aludiendo a la villa de este nombre, escribe Guada
Hortuna dos veces , Guadahortuna cuatro veces. y Guadahortuna
una vez.(Véase Simonet, Glosario, s.v. “Fortúna", pp. 230-231. Covarrubias:
"Río de la Fortuna"
Durante la guerra de Granada que culminaría
con la conquista del reino nazarí., los Reyes Católicos hicieron a Quesada una
de las bases militares desde las que se organizaban las entradas sobre
territorio de Granada.
Hoy quedan escasos vestigios de aquellas espléndidas fortificaciones.
CASTILLO DE TORREALCAZAR
Es un topónimo formado por una palabra castellana “torre” y otra árabe “alkazar” ‘el palacio’.
Está situado en la cima de una colina rodeada
de fértiles campos donde existió en la antigüedad una población de mediana
importancia de la que todavía afloran restos, se alza la Torre de Alcázar.
Queda a unos 400 metros a la derecha de la carretera de Torredonjimeno a
Porcuna, entre los kilómetros 72 y 73.
Del castillo sólo ha llegado a nosotros la
torre del homenaje. Se trata de una construcción de planta cuadrada, en sólida
mampostería. Hoy está habilitada para vivienda e incorporada a un cortijo. La
terraza está desprovista de parapeto. Le han añadido un blanco palomar.
Esta torre podría datar de finales del XIII.
LAS TORRES DE PEÑOLITE
Por la carretera de puente Génave a sólo un kilómetro de esta aldea, se atraviesa un puente. A la derecha sale un carril agrícola que va al caserío conocido como las Torres, donde existen los restos de un castillo cuyas torres son visibles a lo largo de varios kilómetros de la citada carretera. Los torres son de tapial de calicanto y cuadradas (cuatro metro de lado). En ellas se distinguen hasta cuatro cuerpos. El inferior, de unos dos metros de altura, era macizo. Los tres restantes, huecos, estaban separados por vigas que se apoyaban en los zócalos resultantes del progresivo estrechamiento del muro. Los dos más altos estaban provistos de saeteras vaciadas hacia el interior.
Es una obra musulmana probablemente de época almorávide o
almohade, seguramente emparentada con los fortines camineros que tanto abundan en las campiñas y que vienen a ser imitaciones de obras romano-bizantinas del Norte de Africa.
4.
CONCLUSIONES DE LA INFLUENCIA ARABE EN JAEN
4.1. Reino de Jaén es un a expresión de
Fernando III por motivos meramente funcionales para designar al territorio del
Alto Guadalquivir en torno a Jaén. Esta tierra de frontera careció de límites exactos hasta después de la conquista
de Granada (1492).
Su posición central respecto a las tierras del mediodía peninsular y su
condición de encrucijada de caminos le otorgan papel dominante en las disputas
históricas y lo convierten en cauce de invasiones. Sierra Morena actúa
como línea defensiva, pero está llena de portillos que la hacen sólo apta
para la defensa contra un enemigo que venga del Sur, pero no del que procede
del Norte.
El río Guadalquivir es una directriz de marcha más que una barrera.
El Sistema Subbético es un obstáculo extraordinaria mente poroso debido
a sus múltiples surcos transversales.
Estas características hicieron necesaria la
articulación de una compleja red de defensa y fortificaciones.
El núcleo más disputado es el constituido por la ciudad de Jaén y su entorno.
Secundariamente destaca el núcleo formado por Cazorla, Ubeda y Baeza.
Una zona estratégica importante es la cuenca del Guadiana Menor.
La ciudad de Andujar es la llave de la baja Andalucía.
La Sierra del Segura es la que presenta más fortificaciones medievales.
Esta abundancia se debe a su importancia estratégica como encrucijada de
caminos entre Levante, la meseta y el Alto Guadalquivir.
4.2. En cuanto a los materiales de construcción se puede señalar un empleo
muy extendido de fortificaciones de tierra: fosos y taludes, a veces en
zig-zag y coronados de estacada. Estas defensas de tierra son a menudo
suplantadas por construcciones posteriores.
La madera debió ser muy usada en
fortificación, antes del siglo XIII, aunque por razones obvias sus restos
arqueológicos son escasos. Se presenta a menudo asociada con la fortificación
de tierra.
El tapial, que utiliza encofrado o cajones de madera, es unas veces de
tierra y barro y otras de mortero de cal y arena (calicanto). Lo usan los
romanos y en época medieval la arquitectura califal y la bereber.
La piedra se emplea en forma de sillar o de mampostería. Hasta el siglo
XIII abunda en los castillos cristianos. A partir del XIII se adopta también
en casi todos los musulmanes. Se advierte la mutua influencia de la construcción
cristiana y musulmana.
4.3. Diferenciación almorávide-almohade.
Esta diferenciación no parece que deba
hacerse sobre los materiales, que son en los dos casos extraordinariamente
parecidos, sino por la tipología.
El torreón almorávide raramente excede los 4.50 m. de fachada, mientras
que los almohades suelen ser de volúmenes más generosos y divulgan innovaciones
tipológicas muy importantes: barbacanas, puertas acodadas, corachas y otras
importaciones bizantinas.
4.4. La construcción nazarí.
El reino nazarí estableció un sistema
de fortificaciones de naturaleza ecléctica, síntesis de la monumentalidad
almohade y cristiana. Al principio persisten las formas cuadradas en torreones
(Arenas, Bélmez, Huelma), tipología propia de la construcción en tapial, aunque
se emplee mampostería. Esto revela cierta torpeza de los constructores
musulmanes que no acaban de asimilar la forma cilíndrica ideal para el torreón
de mampostería a pesar de que la arquitectura paleoislámica la había empleado
desde siglos atrás.
Observamos en las obras fronterizas nazaríes el aprovechamiento de riscos
y peñascos inaccesibles para construir fortalezas baratas y fáciles de
defender, aunque algo incómodas de mantener. Esta había sido una característica
de la fortificación cristiana del período anterior que Granada asimila
porque las finanzas del reino no permiten continuar la suntuosa construcción
almohade excepto en la capital.
4.5. Es interesante señalar los 19 topónimos de origen árabe encontrados
en los nombres de castillos que reflejan la influencia de esta cultura
en estas tierras .
NOTAS
(1)Vid. Salvatierra Cuenca, V. Guía arqueológica de la Campiña de Jaén. Granada.1995.
(2)Vid. Quesada Quesada,T. El paisaje rural de la Campiña de Jaén en la Baja Edad Media según los libros de las dehesas. Jaén. 1994.
(3) Vid. Rodriguez Molina,J. Los regadíos medievales andaluces, El Valle
del Guadalquivir, Diputación Provincial de Jaén, 1991.
(4) E.Terés, Materiales para el estudio de la Toponimia hispanoárabe. Nómina
fluvial. C.S.I.C. Madrid, 1986, t. I, p. 399-402.
(5) Cfr. E. Terés, op. Cit., pp. 454-456.
(6) Madoz, Diccionario Geográfico, s.v. "Jaén, diócesis"
y "Guadiana Menor"; Diccionario Geográfico de España, s.v.
(7) Cfr. E.Terés, op.cit., pp 297-298
BIBLIOGRAFIA
AGUIRRE SADABA.F.J. y JIMENEZ MATA.M.C. Introducción al Jaén islámico.
Instituto de estudios Giennenses.
Diputación Provincial. Jaén 1979.
AGUIRRE SADABA, F.J. SALVATIERRA, V. “Cuando
Jaén era Yayyan” en Jaén. Vol.II. Historia. Granada pp 453-490.1989.
ALBARRACIN NAVARRO.J y MARTINEZ RUIZ.J, "El agua y el riego en la
poesía árabe andalusí (siglo I)(Hidrónimos conservados en la toponimia
y el habla de la Andalucía oriental". En El agua en zonas áridas:
Historia y Arqueología.
Actas del I Coloquio de Historia y medio
físico. Almería, 1989. 2vols.Almería 1989.
ALCALA VENCESLADA, A, Vocabulario andaluz, RAE, Madrid 1951.
ARROYO LOPEZ, E. "El medio geográfico" Historia de Jaén. Jaén
1982.
Asín. ASIN PALACIOS.M, Contribución a la Toponimia Arabe
de España. Madrid-Granada. 1944.
Atlas Lingüístico y Etnográfico de Andalucía ALVAR.M, con la
colaboración de A. LLORENTE y G. SALVADOR, Atlas Lingüístico
y Etnográfico de Andalucia, Universidad de Granada, CSIC, 1961.
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